· Nancy Sastre · gastronomia  · 4 min read

La Historia del Strudel en el Alto Valle

De los inmigrantes europeos a las chacras neuquinas: cómo el strudel se adaptó a las frutas del Alto Valle y se convirtió en parte de la identidad gastronómica regional.

De los inmigrantes europeos a las chacras neuquinas: cómo el strudel se adaptó a las frutas del Alto Valle y se convirtió en parte de la identidad gastronómica regional.

Los inmigrantes que trajeron el strudel al Alto Valle

A principios del siglo XX, oleadas de inmigrantes europeos llegaron al Alto Valle del Río Negro y Neuquén atraídos por la promesa de tierras productivas. Italianos, españoles, alemanes y centroeuropeos se instalaron en chacras a lo largo del río y empezaron a trabajar la tierra.

Con ellos vinieron sus recetas. El strudel — esa masa fina y elástica rellena de frutas — llegó en los baúles de familias alemanas, austríacas y de Europa del Este. En sus países de origen se hacía con manzanas ácidas europeas, canela, pasas de uva y pan rallado. Era un postre de domingo, de reunión familiar, de cocina de abuela.

En el Alto Valle, esas familias encontraron algo inesperado: las mejores manzanas y peras que habían probado en su vida. La combinación de suelo aluvional, riego por acequias y un clima seco con amplitud térmica producía frutas de una calidad excepcional. El strudel estaba destinado a quedarse.

La adaptación local: frutas de la chacra en cada bocado

El strudel del Alto Valle no es una réplica europea. Es una versión propia, moldeada por la tierra donde se cocina.

Las manzanas ácidas europeas fueron reemplazadas por las variedades locales: Red Delicious, Granny Smith, Rome Beauty. Cada una aporta un balance diferente de dulzor y acidez. En temporada de peras, el strudel se rellena con Williams o Packham’s Triumph. En verano, los duraznos y las ciruelas compiten por un lugar en la masa.

La adaptación no fue solo de ingredientes. Las cocineras del Alto Valle aprendieron a usar las frutas en su punto justo de madurez — ni verdes ni pasadas — y a combinarlas con nueces de la zona, miel de productores vecinos y especias que fueron llegando con el tiempo.

El resultado es un postre que cuenta la historia de un lugar: la masa centroeuropea, las frutas patagónicas, la mano de generaciones de mujeres que fueron pasando la receta de madre a hija.

La receta en Los Chalets: cinco generaciones de repostería

En Los Chalets Casa de Té, la repostería no es un oficio aprendido en un curso — es una herencia familiar. Nancy Sastre, fundadora del emprendimiento, es la quinta generación de una familia chacarera de Centenario. Las recetas que se sirven en la mesa llevan décadas de ajustes, pruebas y transmisión oral.

El strudel de Los Chalets se hace con masa casera estirada a mano, rellena con manzanas o peras de los frutales propios. No se usa masa comprada ni fruta de supermercado. Los ingredientes caminan metros, no kilómetros: del árbol a la cocina, de la cocina a la mesa.

Cada temporada trae una versión distinta. En otoño, cuando la cosecha de manzanas está en su pico, el strudel de manzana es el protagonista absoluto. En verano, las frutas de carozo abren nuevas posibilidades. En invierno, el strudel caliente con una bola de helado artesanal y el hogar a leña encendido es una de las experiencias más buscadas.

Ingredientes de la huerta propia

Lo que distingue a la repostería de Los Chalets es la trazabilidad total de los ingredientes. Las frutas vienen de la chacra donde funciona la casa de té. Las hierbas aromáticas crecen en la huerta. Los dulces y conservas se elaboran en la cocina propia.

Esta relación directa entre la tierra y la mesa no es un concepto de marketing — es la forma en que se trabajó siempre en las chacras del Alto Valle. Antes de que existiera el término “kilómetro cero”, las familias chacareras cocinaban con lo que tenían a mano. Esa tradición sigue viva en Los Chalets.

El strudel como identidad gastronómica neuquina

El strudel trascendió su origen inmigrante para convertirse en parte de la identidad gastronómica de Neuquén. En las casas de té del Alto Valle, en las panaderías de Centenario y en las mesas familiares de la región, el strudel ocupa un lugar junto al asado, las empanadas de chivito y las tortas fritas.

No es casual que el Sello Gastronómico Neuquino — distinción que reconoce a los establecimientos que trabajan con productos e identidad regional — incluya a Los Chalets entre sus certificados. El strudel que se sirve acá no es un postre cualquiera: es patrimonio comestible.

Dónde probarlo

Si querés probar un strudel hecho con frutas de la chacra donde estás sentado, la merienda artesanal de Los Chalets es el lugar. La carta incluye strudel de temporada junto con tortas caseras, scones, cheesecakes y tés en hebras seleccionados.

Los Chalets abre jueves a sábado, de 16:00 a 21:00 hs, en la zona rural de Centenario. Reservas por WhatsApp al +54 299 476 7014.

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